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El resultado de un estudio realizado por el hospital Durand a alumnos de escuelas primarias arroja resultados alarmantes aunque predecibles:
Los hábitos de nuestros hijos son diferentes a los nuestros: En síntesis, transcurren una significativa parte de sus días inmóviles, sentados. Y, para colmo, suelen acompañar esos ritos sedentarios con snacks ricos en grasas, golosinas y gaseosas con gran aporte calórico. Así viven muchos de los chicos porteños, según relatan pediatras y nutricionistas, que adjudican a esa falta de actividad física el aumento de los casos de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes. Según un estudio publicado en los Archivos Argentinos de Pediatría 2003, con
datos recopilados entre junio de 1998 y julio de 2001, el 26,2% de 1289
pacientes de entre 10 y 19 años entrevistados en consultorios -públicos, de
obras sociales y privados- presentó un
índice de masa corporal (IMC) muy
superior al estimado para su edad, su sexo y su altura. Ambas investigaciones concluyeron que los varones están más afectados por estos
trastornos que las mujeres. El primer informe habla de un 24,1% de chicos con
sobrepeso, frente al 18,8% de niñas. Al comparar obesidad, ellos mantienen el
primer lugar (el 7,9%) con respecto a ellas (el 3,4%). El sobrepeso y la obesidad son incluso más frecuentes que la desnutrición, dato que nunca se había dado antes en la historia de la humanidad. Como los chicos no mueren por estar algo (o mucho) excedidos de peso, avanzan en silencio. Sin embargo, tienen consecuencias sobre la vida adulta, pues crean las condiciones para desarrollar enfermedades. El sobrepeso predispone a la hipertensión, al colesterol elevado, a la diabetes, a las enfermedades cardiovasculares, a problemas en las articulaciones y en las piernas. A todo esto se suma la discriminación, que tiene un alto impacto en su salud mental. El principal objetivo debe ser concientizar Entre las alternativas para revertir la situación hay que incentivar a la familia a comer bien y no por comodidad resolver los
platos con empanadas y pizzas; educar a los chicos sobre la nocividad de los
alimentos ricos en grasas e hidratos de carbono; favorecer la lactancia materna
hasta los seis meses; evitar que la recreación gire en torno del control remoto,
e instalar las caminatas como actividad familiar. |